Crudo, verosímil y brillantemente interpretado, El mago del Kremlin es un thriller político que explora los orígenes del putinismo. Lo único que le puede restar fuerza es su larga duración, quizás exigente para ciertos espectadores.
Basada en la novela homónima de Giuliano da Empoli, El mago del Kremlin adapta con fidelidad la historia de Vadim Baranov, el enigmático asesor que ayudó a forjar la autoridad de Vladimir Putin. La película es un thriller político crudo y extremadamente realista que explora cómo el poder corrompe y distorsiona la percepción de la realidad.
Vadim Baranov pasa del mundo del espectáculo y la televisión —llegando incluso a dirigir un medio de comunicación público— a convertirse en la mano derecha de Putin. Este proceso muestra cómo la perspicacia y la habilidad comunicativa de Baranov fueron clave para consolidar los inicios de una aparente democracia, que en realidad sentó las bases de un autoritarismo subyugante. La relación de Vadim con Ksenia añade una dimensión emocional, muy bien aquilatada en el guion, que sirve para ilustrar cómo los vínculos íntimos pueden influir en decisiones que apelan al bien y la verdad frente a la obnubilación que ejerce el poder en el corazón humano.
La dirección de fotografía es espléndida, con imágenes de archivo combinadas con escenas ficcionadas que reflejan el caos postsoviético, la política rusa y la vida cotidiana del país. La estética noventera, el diseño de vestuario y la ambientación logran sumergir al espectador en la época y en la cultura visual del momento. Asimismo, las actuaciones son impecables y potencian el resultado estético: Dano transmite la ambigüedad moral de Vadim, mientras Jude Law encarna a Putin con un control casi absoluto sobre sus discursos y sus gestos, revelando cómo su capacidad de presentarse como alternativa al pasado comunista fue decisiva para ganarse la confianza del pueblo.
El mago del Kremlin plantea una profunda reflexión sobre la construcción del poder, la manipulación de la verdad y cómo las relaciones personales, la ambición y la comunicación estratégica pueden moldear la historia de un país. Y también explora hasta qué punto toda decisión implica una consecuencia. Aunque el filme es largo, cada escena contribuye a comprender los mecanismos que dieron forma al putinismo y ofrecer un relato verosímil de la Rusia moderna.
Firma: Rocío Montuenga
Vadim Baranov es un joven creativo y artista que, en la Rusia postsoviética de los años 90, se involucra en los complejos entramados del poder. Su habilidad comunicativa y perspicacia mental lo conduce a conectar con las altas esferas, convirtiéndose en el asesor principal de Vladimir Putin y participando en la construcción de las nuevas estructuras políticas del país.