Este remake presenta una interpretación brillante de Jean Dujardin y está filmada con mimo. Sin embargo, el conjunto de la propuesta acaba dejando mucho que desear por la falta de equilibrio entre su reflexión y la imagen.
Inspirado en la novela que el escritor estadounidense Richard Matheson escribió en 1956, un año después Jack Arnold llevó a la gran pantalla un título que, con el paso de los años, se ha convertido en un clásico mayúsculo: El increíble hombre menguante (1957). El propio Matheson escribió el guion y las interpretaciones de Grant Williams y Randy Stuart fueron brillantes. Sesenta años después de la publicación del libro, el director y guionista francés Jan Kounen se atreve a darle una vuelta de tuerca y plasmar una revisión visualmente impoluta, pero un tanto discutible en su fondo. Para quienes conozcan la película original, este remake no resultará demasiado convincente, aunque si logran empatizar con Paul, el protagonista, tal vez logren aproximarse a las preguntas incómodas y a la reflexión humana de la cinta. Eso sí, esta está cargada de menos acción y aventura, a favor de más claustrofobia existencialista.
Kounen filma con sensibilidad, pero le falta peso a la hora de encontrar el equilibrio de los tres actos. El primero es brevísimo; el segundo se alarga en exceso; y la resolución queda incompleta y no termina de cerrar el círculo. Así, aunque plantea un largometraje sólido en cuanto a decorados, escala, iluminación y la banda sonora del compositor francés Alexandre Desplat, el guion se percibe vacío y difuso. De esta manera, su discurso no acaba de casar con la imagen. La mayor parte de la acción transcurre en el sótano, una elección que parece funcionar como metáfora de la reflexión planteada, pero que genera un desequilibrio evidente a nivel de estructura de guion y deja una sensación de falta de armonía.
Por otro lado, es destacable el trabajo de Jean Dujardin, quien está soberbio como ese hombre que se encoge inexorablemente y trata de sobrevivir, física y psicológicamente, a un revés ilógico que ha truncado su armonía vital para siempre. También es acertado el guiño de Kounen a Arnold al optar por encuadrar la lucha contra el gato, la casa de muñecas y la icónica pelea con una araña mortal.
El hombre menguante, si bien está técnicamente bien sostenida, deja mucho que desear y acaba por decepcionar al convertirse en una masa de reflexiones interesantes que no llegan a ningún lugar ni ofrecen esperanza al espectador. Su desarrollo flojo y su cierre ambiguo conducen inevitablemente a la pregunta final de si era realmente necesario esta nueva adaptación.
Firma: Rocío Montuenga
Paul es un padre dedicado, un buen esposo y un trabajador comprometido con su empresa de construcción naval. Su vida transcurre con normalidad hasta que, durante un viaje por mar, comienza a notar un fenómeno inexplicable en su cuerpo: está encogiéndose de manera progresiva y sin explicación científica. A medida que su tamaño disminuye, Paul queda aislado en el sótano de su nueva casa, donde debe batallar por sobrevivir midiendo apenas unos centímetros. El mundo que lo rodea, antes cotidiano, se transforma en un entorno tremendamente hostil y peligroso, desproporcionado y amenazante, que lo aleja cada vez más de la vida que alguna vez conoció.