Con una estética naturalista y un magnífico Basilio Moncada como protagonista, El guardián se erige como una muestra de ese cine de autor que deja al espectador dubitativo y reflexivo al abordar temas complejos e incómodos.
Esta coproducción hispano-mexicana, escrita y dirigida por Nuria Ibáñez Castañeda, tiene una de cal y otra de arena: la primera es que no es, ni mucho menos, un filme para todos los públicos —luego veremos por qué—, lo que la hace menos accesible; la segunda es que posee una delicadeza visual y una hondura temática que la elevan a altas cotas de calidad cinematográfica, entendiendo que la calidad no solo reside en la forma, sino también en el fondo.
La película narra la historia de un guarda costero remunerado por custodiar la playa de Bahía de los Ángeles, una propiedad privada en México. Este paraje es un lugar de extraordinaria belleza donde el sol sale y se pone con un esplendor que el propio Basilio Moncada, el guardián, captura con su teléfono móvil para compartirlo con la poca familia que le queda al otro lado de la frontera. Basilio es un hombre profundamente solitario que habita y trabaja solo en este inmenso rincón marítimo. En este contexto, la directora nos acerca, poco a poco, a una realidad áspera y deja entrever la dureza de la vida a través de los gestos y las acciones de su protagonista. No obstante, también resultan reveladores los escasos diálogos que este mantiene con los lugareños; especialmente con su amigo Jesús, con quien comparte algunos momentos de descanso y con quien aprende a pescar.
A través de una estética bellísima (muy propia del cine de autor) que combina los planos largos para marcar un tempo pausado, los primeros planos del rostro de su guardián y los grandes encuadres que ensalzan la naturaleza, el filme recuerda que la belleza puede aliviar, pero no sanar el sufrimiento. Este solo puede curarse a través del amor. Y eso es precisamente lo que busca Basilio en todo momento: sentir el calor de su hija y de su nieto a través de las videollamadas, la cercanía de sus escasos amigos y la certeza de que su vida encuentra sentido en aquellos a quienes ama. Sin embargo, se descubre continuamente solo, olvidado y abandonado por un patrón que apenas se comunica con él por teléfono y que únicamente parece interesado en mantener el control de la propiedad.
Cuando, en el segundo acto, la calma de Basilio se rompe tras denunciar a un hombre que pesca ilegalmente totoaba durante la noche, su vida da un vuelco y todos sus anhelos se ven puestos a prueba. A partir de ese punto, El guardián se adentra en cuestiones tan complejas como las consecuencias de la migración, la explotación laboral, la violencia estructural y el impacto del crimen organizado. Además, se percibe de qué modo la deportación del protagonista y su imposibilidad de regresar con los suyos convierten a Basilio en un hombre flotando entre dos mundos, condenado a una existencia marcada por el desarraigo y la espera.
Todo ello descansa sobre la interpretación del debutante Basilio Moncada, cuya naturalidad resulta tan sorprendente que, por momentos, da la impresión de estar asistiendo al documental de su propia vida.
Firma: Rocío Montuenga
Basilio trabaja limpiando y custodiando una playa de Bahía de los Ángeles, en México. Su día a día consiste en recoger la basura que dejan los turistas y vigilar que nadie acceda a la propiedad para cometer actividades ilegales. Aunque lleva dos meses sin cobrar, se resiste a abandonarla porque necesita el dinero para regresar a Estados Unidos y reencontrarse con su familia, de la que fue separado tras su deportación. Sin embargo, la aparente serenidad de este paraíso costero se ve amenazada por la pesca ilegal de totoaba y, cuando Basilio decide denunciar una de estas actividades, su esperanza de volver a casa se transforma en una peligrosa pesadilla.