David Robert Mitchell firma un sensacional thriller que aúna ciencia ficción y aventuras en una historia de supervivencia familiar. Anne Hathaway y Ewan McGregor brillan y la trama mantiene al espectador absorto de principio a fin.
El final de Oak Street parte de una premisa capaz de avivar la curiosidad y la intriga desde el primer momento: un barrio residencial de los años ochenta es súbitamente arrancado de su entorno habitual y de su tiempo y transportado a un mundo prehistórico poblado por una ingente cantidad de dinosaurios de todas las especies y tamaños, además de otras criaturas hostiles. Así es como David Robert Mitchell tira del hilo narrativo para construir un thriller muy bien ejecutado que aúna ciencia ficción, aventura y suspense. Todo ello se armoniza alrededor de un núcleo temático muy potente: una familia que no está unida y que deberá aprender a estarlo para no perderse en medio del caos y sobrevivir. Y, bajo este interesante juego de mantener la tensión desde el primer momento, el espectador queda completamente enganchado a la gran pantalla.
Uno de los grandes aciertos de El final de Oak Street es el ritmo. Sus cien minutos de duración permiten encontrar un equilibrio perfecto entre agilidad, acción y múltiples situaciones de tensión, pero también entre momentos en los que cabe la pausa, el diálogo y la complicidad íntima entre los personajes. Asimismo, los dinosaurios aportan ese componente de espectáculo, con unos asombrosos efectos especiales que parecen comerse también a la audiencia en su intento por devorar a los protagonistas y que mantienen la inquietud elevada durante toda la trama.
Además, otro de los grandes logros es su estética ochentera. Los coches, el diseño de vestuario, la paleta cromática en tonos pastel y la propia arquitectura del espacio remiten al cine de aventuras de aquella década, con Steven Spielberg como claro referente. Salvando las distancias, resulta difícil no pensar en E.T., el extraterrestre y en ese imaginario de aventuras familiares que marcó toda una generación. Este cuidado por la ambientación aporta un encanto especial al filme y construye una atmósfera clásica y cautivadora.
Por otro lado, el reparto es fabuloso. Una Anne Hathaway delicada y tierna, pero llena de fortaleza y capacidad de resiliencia; y un Ewan McGregor que huye de sus problemas y no es sincero con su esposa, pero que, a la hora de la verdad, pone toda la carne en el asador para salvar a su familia. Juntos forman un tándem increíble que dota de credibilidad a un contexto que podría haberse deslizado fácilmente hacia la exageración y sucumbir en ella. Maisy Stella y Christian Convery completan una familia en la que el vínculo entre sus miembros adquiere un peso fundamental.
En suma, El final de Oak Street logra algo especialmente valioso en el cine comercial actual: ofrecer una idea sencilla, pero realmente original, y desarrollarla con ritmo y sentido del espectáculo. Todo ello mientras deja un poderoso mensaje sobre la importancia de mantenerse unidos en los momentos más duros e imprevisibles, cuando la esperanza parece no tener cabida.
Firma: Rocío Montuenga
Tras un misterioso fenómeno cósmico, Oak Street es arrancada de su tranquilo entorno suburbano y transportada a un mundo prehistórico habitado por dinosaurios. Allí, la familia Platt deberá enfrentarse a una amenaza que jamás habría imaginado mientras trata de adaptarse a un entorno completamente desconocido del que no parece haber escapatoria. Para sobrevivir, tendrán que permanecer unidos y encontrar la manera de regresar a casa.