Zendaya y Pattinson lideran una rocambolesca historia donde la contención de Borgli, la mezcla de géneros y el cuidado montaje resultan clave. Además, entre todo el esperpento sobresalen reflexiones provechosas.
Echando la vista atrás a su filmografía y a sus dos recientes largometrajes, estaba claro que Kristoffer Borgli no iba a presentar un drama romántico -o comedia romántica, depende de cómo se mire- al uso. En El drama, apuesta por dos estrellas de Hollywood –como hizo con Nicolas Cage en Dream scenario– y despliega una historia hecha para que se luzcan, pero donde también ofrece un refrescante acercamiento al género. Además, a diferencia de su anterior película, aquí se muestra mucho más contenido y esto es clave en su consecuente éxito.
El drama es un film difícil de clasificar, porque se mueve entre géneros y tonos con una destacable fluidez. Así pues, encasillarla en uno u otro no le haría justicia. La preparación de la boda de Emma y Charlie reutiliza los códigos de la romcom, sin abandonar una esencia profundamente dramática y, sin embargo, no teme moverse entre el humor negro y el suspense. Borgli se arriesga y “estira el chicle”, pero sale bien parado.
El montaje preciso es capaz de dinamitar el ritmo y fluctuar por esos distintos registros, mientras mantiene una tensión constante ante la imprevisibilidad de los hechos mostrados. Además, el ensamblaje deviene crucial en el interesantísimo juego de flashbacks que propone la película, a través del cual tantea con las imaginaciones y las proyecciones de los propios personajes. Esos flashbacks se usan como recurso narrativo sin resultar redundantes y permiten profundizar en la psique de unos protagonistas trazados mediante las pequeñas decisiones, sus claroscuros y matices de su personalidad que abren debates. En este sentido, Zendaya y Robert Pattinson saben sacarle partido y despliegan un duelo interpretativo que hipnotiza de principio a fin.
Más allá de la trama in crescendo y de adentrarse en temas serios que consiguen sortear lo frívolo, El drama lanza también sugerentes preguntas al espectador: ¿Hasta qué punto nos definen los actos del pasado?, ¿Debemos ajustar cuentas con lo que fuimos e hicimos o con lo que somos y hacemos? ¿Podemos culpar a los otros de nuestras propias proyecciones? Todo ello mientras se sostiene sobre valores como el perdón y las segundas oportunidades y recuerda la importancia de la comunicación como base fundamental en cualquier relación.
Firma: Yoel González
Desde que se conocieron, la historia de Emma y Charlie parece sacada de una película. Sin embargo, pocos días antes de su boda, una inesperada revelación abrirá una profunda crisis en la pareja y los llevará al límite, poniendo a prueba su relación y sus planes de futuro.