Una secuela vibrante que recupera a los icónicos personajes y muestra cómo el mundo de la moda ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. La química entre Meryl Streep y Anne Hathaway sigue siendo única, en una historia elegante y llena de estilo.
David Frankel y Aline Brosh McKenna regresan al universo de El diablo viste de Prada con una secuela muy esperada por los fans, que retoma con acierto el espíritu de la original. En ella, los cuatro personajes icónicos reaparecen en momentos muy distintos de sus carreras: Miranda afronta una oleada de críticas mediáticas mientras se acerca a la jubilación; Andy acaba de ser despedida de un prestigioso periódico como The Vanguard; Nigel continúa a la sombra de Miranda, cada vez más desencantado con la decadencia de Runway; y Emily se ha convertido en una poderosa ejecutiva en Dior. En este contexto, una llamada de Andy sirve para reunir de nuevo a los cuatro personajes y reavivar una relación única en un sector tan competitivo como implacable.
Es indudable que Meryl Streep y Anne Hathaway siguen desprendiendo un carisma arrollador por separado, pero cuando comparten escena su química lo transforma todo. Ambas logran que el espectador conecte con su complicidad, se divierta y se sumerja en el frenético mundo de la alta moda: desde el ritmo vertiginoso de la redacción hasta los trayectos en coche junto a Miranda o su viaje a Milán para asistir a una de las pasarelas más prestigiosas. A los rostros protagonistas se suma el halo cautivador de Stanley Tucci, que junto a Anne forma un auténtico tándem, y la presencia magnética de Emily Blunt, que ejerce como contrapunto del personaje de Andy. Los cuatro brillan y despiertan la nostalgia de los años 2000, cuando se estrenó la adaptación de la novela de Lauren Weisberger.
Estamos ante un filme pensado para el gran público, especialmente para quienes ya conectaron con el espíritu de la primera entrega y buscan reencontrarse con la historia de la diva de Runway y la inteligente periodista. El diablo viste de Prada 2 aborda temas reconocibles como el ritmo exigente del trabajo, la dificultad de obtener reconocimiento en sectores altamente competitivos, el inestable equilibrio entre la vida personal y profesional o el atractivo —y el coste— del obnubilante mundo del lujo, capaz de devorar la autenticidad y la felicidad. También explora la rivalidad entre amigas que compiten dentro de un mismo entorno profesional. Son conflictos que, aunque llevados a otro nivel, se perciben cercanos y permiten que el espectador se refleje en ellos.
Y es precisamente el estilo elegante y el tono vibrante de El diablo viste de Prada 2, junto con la vulnerabilidad que late en el trasfondo de los atractivos personajes, lo que convierte al filme en una experiencia realmente disfrutable.
Firma: Rocío Montuenga
Cuando Miranda Priestly, la poderosa directora jefe de Runway, se enfrenta al declive de su revista y a su inminente retiro, su imperio se ve amenazado por una inesperada rival: Emily Charlton, su antigua asistente, ahora convertida en una influyente ejecutiva de moda. Al mismo tiempo, Andy Sachs se reincorpora a la revista y Miranda volverá a apoyarse en ella para recuperar su prestigio y mantener el control de su legado. Juntas deberán afrontar una lucha en la que el poder y la presión mediática pondrán a prueba su lealtad.