Una película que apuesta por la luminosidad tras la historia real, antes que por la tragedia acontecida. Pese a su simple realización y cierto edulcoramiento, sus mensajes de concienciación animan a tenerla en cuenta a nivel educativo.
Basada en hechos reales –y en la novela de su madre, Teresa Manes–, El chico de los pantalones rosas es una historia que habla del acoso escolar y de las trágicas consecuencias en las que puede derivar, pero es sobre todo una celebración de la vida de Andrea Spezzacatena; y también una mirada luminosa a la posibilidad de un cambio en las escuelas.
La película se abre con una voz en off que recupera el testimonio de Andrea y lleva al espectador por sus últimos años de colegio y sus primeros de instituto. Para mayor emotividad, el guion de Roberto Proia se centra en la construcción de esos vínculos, familiares y amistosos, que rodeaban al joven, así como en los valores ejemplares que él abanderaba: la madurez, la bondad, la generosidad, el deseo de hacer felices a los demás… Así pues, las secuencias con su hermano Daniele, con su madre Teresa o con su amiga Sara suponen, en parte, el núcleo esencial del film. Y a pesar de que el resto se va apagando, esa luz persiste. En este sentido, resultan cruciales las interpretaciones del elenco, entre las que destacan sobre todo la de Claudia Pnadolfi como madre y la de Samuele Carrino como hijo.
Con ciertas similitudes a Close –aunque menos cinematográfica que esta–, El chico de los pantalones rosas también habla de la necesidad de encajar y explora esa búsqueda de la propia identidad que emerge durante la adolescencia. Margherita Ferri se asegura de dejar esto bien claro y no se centra en todo el bullying que sacude a Andrea –a causa de un anecdótico fallo en el lavado de unos pantalones– hasta bien entrado el final. Ahí sí que se muestra el acoso en sus distintas formas –la humillación, la violencia física, el ciberbullying, el aislamiento– y sus efectos pese a contar con un círculo de soporte.
Aunque se apunta a cierto edulcoramiento en la trama y a una compelida emotividad, El chico de los pantalones rosas es un largometraje sugerente y útil para abrir debates y servir como contenido de cinefórum en las escuelas. Asimismo, tanto el último plano como las imágenes de archivo que cierran el metraje, convierten el relato en un inspirador homenaje al amor maternal y honran la figura de Teresa, quien transformó su dolor en un impulsor para transmitir un mensaje de concordia y de rechazo al acoso en varios centros educativos de Italia.
Firma: Yoel González
Andrea Spezzacatena es un joven de 15 años amado por su familia, atento con sus compañeros de clase y con una vitalidad envidiable. El paso del colegio al instituto suponen un gran cambio que lo lleva a intentar buscar la forma de encajar, mientras aún está en proceso de autodescubrimiento. Sin embargo, todo cambia cuando unos pantalones granates se vuelven rosas por un error de lavado y eso inicia una espiral de acoso que va apagando lentamente su luz .