La nueva adaptación de la novela argentina no encuentra su razón de ser y se pierde en contrastes superficiales. A pesar de enmarcarse en un contexto interesante, el único elemento destacable acaba siendo su reparto.
La novela del argentino Manuel Puig ya fue adaptada en los años ochenta por Héctor Babenco y, entonces, esa versión logró cuatro nominaciones a los Oscar de 1986 y se alzó con la estatuilla de mejor actor para William Hurt. Cuarenta años después, El beso de la mujer araña es víctima de esta tendencia a readaptar obras preexistentes sin detenerse previamente a cuestionarse si existe algo nuevo que añadir. Es aquí donde la versión de Bill Condon tropieza.
La puesta en escena de esta aproximación resulta artificiosa, se configura con un carácter casi procedimental que no profundiza sobre sus cuestiones de fondo y peca de un frívolo contraste cromático y argumental. Por un lado, está la trama más dramática, donde se ahonda en el contexto de la dictadura militar brasileña y la persecución tanto a opositores políticos como a grupos acosados como los homosexuales. Esta parte se recubre de un tono plomizo que acentúa la dureza del entorno y una cierta reiteración que desgasta el argumento. Por otro lado, la película, narrada por uno de los personajes, sirve como escapismo al encarcelamiento, se tiñe de un brillante technicolor de colores saturados y se mueve en el terreno del musical sin llegar a ofrecer espectaculares y variados números inolvidables.
Esa contraposición entre la realidad y el mundo de fantasía se ve hilado con paralelismos un tanto explícitos y verbalizados que tan solo enfatizan la ausencia de un tratamiento crítico del trasfondo de la historia. Con El beso de la mujer araña, Bill Condon avanza por terrenos ambiguos y se muestra indeciso. Así, la cinta no acaba de ser del todo una oda a la amistad, tampoco se detiene a meterse en los resquicios del ambiente sociopolítico –aunque sí que apunta a una posibilidad de cambio–, y no logra un equilibrio entre ese cine para evadirse –el que celebra el personaje de Luis Molina– y ese para reflexionar.
Si el espectador busca ir más allá, quizás sí encuentre cosas de las que tirar del hilo para ahondar por su cuenta. Y si no le es posible, es cierto que encontrará en el entregado reparto –protagonizado por Diego Luna, Tonatiuh y Jennifer Lopez– un vibrante aliciente para llegar hasta el final del visionado.
Firma: Yoel González
Argentina, mayo 1983. Luis Molina, un homosexual condenado por escándalo público, es encarcelado junto a Valentín Arregui, un preso político del que el régimen intenta extraer información relevante. A pesar de ser aparentemente opuestos en cuanto a su filosofía de vida, poco a poco va surgiendo un vínculo entre ambos y Molina consigue ganarse la confianza de Arregui a través de la narración de la trama de su musical de Hollywood favorito. Este deviene una forma de evasión para ambos.