El artista anónimo

Crítica El artista anónimo

Análisis

Al modo que se compone un cuadro, El artista anónimo es una secuencia de pequeños detalles que hacen que la película tome una cuarta dimensión llena de sentimiento, emoción y aprendizaje.


Olavi, un viejo solitario y marchante de arte, tiene una pequeña y modesta galería en una transcurrida calle de Finlandia. Todo a su alrededor ha cambiado, y tanto él como su tienda han pasado desapercibidas, así como lo hace una piedra en medio de una tormenta. Pero los aires de la modernización llegan a quebrar, poco a poco, monolitos ya muy añejos. Su hija Lea, una mujer que, como una hormiga, ha cargado a sus hombros mucho más peso del que podría, contacta con Olavi para que su nieto Otto, un completo desconocido para él, haga las prácticas curriculares en su negocio.

El papel que juega Otto en la vida de Olavi es crucial por varias razones. Por un lado, el viejo se resguarda del frío del cambio dentro del pequeño oasis que es su tienda, donde todo está pausado. En aquella insostenible armonía, el joven irrumpe hondeando la bandera de la generación millennial; ejemplificada en que un gran número de sus apariciones comportan una coca-cola, los cascos y el móvil. Por otro lado, reabre una herida que llevaba años intentando olvidar en vano: la dañada relación con su familia tras el divorcio y posterior muerte de su mujer.

El artista anónimo forma una espiral argumental, rizando y rizando el rizo, hasta llegar a un mundo etéreo en que recuperamos la más pura esencia de la novela mística en la que, como hacía Santa Teresa de Jesús, el protagonista desempaña su mirada y ve con perspectiva todo el tablero que supone la vida, sus prioridades y errores. Todo este proceso espiritual parte, como no podía ser de otra forma, de un cuadro anónimo en el que Olavi se fija. Lo que no sabe el señor Launio es que sí, esa obra salvará su vida, aunque no de la forma que piensa.

Como se ha dicho al principio, cada detalle hace que esta propuesta típica se revalorice como lo hace un garabato firmado por Monet. El momento en que Olavi espera ansioso a que bajen el Repin, es un ejemplo: un haz de luz entra por un pequeño orificio; un orificio ubicado en contra de la lógica y puesto a conciencia para que los rayos golpeen la grumosa tela y la cara del Cristo, ahora bañada en oro, y acabe mostrándose como una aparición divina.

También nos sirve la figura del tranvía, la cual está presente en toda la trama y constituye una analogía de la vida: pasa deprisa y al margen de él (por delante suyo y de su tienda y, sin embargo, al margen de él) y cuando retoma su relación familiar y empieza a quitar el polvo bajo el que estaba sepultada su vida, aparecen planos de él dentro de la cabina. Lo mismo hará su hija más tarde; y la cámara enfoca los paisajes que se ven desde las vías como si nosotros también estuviéramos subidos. Otro ejemplo, bastante visible, el cambio melódico después de que reciba la llamada del museo contándole a qué se debe la ausencia de firma. En ese mismo instante, es cuando el protagonista comienza su ascensión, y así lo demuestra la música sacra.

Técnicamente, el filme es un conjunto de cuadros más que de fotogramas, en los que la fotografía y la disposición de personajes y decorado es minuciosa. A parte, tiene un tempo muy marcado e irregular que, sin necesidad de grandes efectos ni estímulos, puede llegar a atraparte y ponerte en tensión. Por ejemplo, las primeras secuencias son lentas, con una luz amarillenta, y primeros planos de índole costumbrista; no obstante, la secuencia de la búsqueda del retrato se compone de planos cortos y rápidos, poco iluminados, y con el sonido del paso de las páginas creando tensión.

Para terminar, evidenciar que es una película que habla sobre arte, usando el mismo arte: Hacia el atardecer de Hugo Simberg es el resumen visual perfecto del relato. Hay mil cuadros y se escoge ese: pura narrativa visual. En general, no será ni mucho menos el mejor título del año, pero sí una buena excusa para despertar emociones y reflexionar. Para nosotros mismos.

Firma: Roi Iturregui

ficha técnica

Director: Klaus Härö

Guionistas: Anna Heinämaa

Intérpretes: Amos Brotherus, Heikki Nousiainen, Henrikki Haavisto, Pertti Sveholm, Pirjo Lonka, Stefan Sauk, Yuha Pihanen

Género: Drama

País: Finlandia

Fecha estreno: 23/10/2020

Lenguaje: Coloquial

Público

+7 años

Valoración

Contenido

Humor

Acción

Violencia

Sexo

Valores

Olavi Launio (Heikki Nousiainen), galerista profesional, se topa en una subasta con un cuadro que le cambiará la vida. Este será el causante de que retome su relación con la familia y se replantee su propia existencia.

Título original: Tuntematon mestari

País: Finlandia

Duración: 95'

Fecha producción: 2018

Distribuidora: European Dreams Factory

Color: Color

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