Claes Bang interpreta brillantemente a Otto von Spreckelsen en este biopic, centrado en la creación del Gran Arco de La Défense y las tensiones que surgieron, en un filme que oscila entre humor y drama.
Stéphane Demoustier se lanza con un biopic sobrio e interesante sobre Johan Otto von Spreckelsen, el arquitecto danés que ganó de forma inesperada el concurso para diseñar el “Gran Arco de La Défense”. Más que centrarse en el espectáculo arquitectónico, el argumento explora el proceso artístico y las tensiones que aparecieron durante la legislatura socialista de Mitterrand y, posteriormente, cuando la derecha se hizo con el gobierno. De este modo, El arquitecto plantea la inevitable pugna entre, por un lado, una visión artística muy pura y, por otro lado, los límites políticos y los intereses institucionales. Todo ello enmarcado en un formato 4:3 que enfatiza visualmente la forma cuadrada del Arco.
La trama avanza entre reuniones del danés con Mitterrand, debates entre arquitectos, varias negociaciones y escenas al aire libre que radiografían las calles de París. Todo ello se entrelaza con un mismo hilo conductor: hasta qué punto una gigantesca obra pública depende de múltiples partes implicadas y hasta qué punto el autor, aunque es el artífice, queda relegado a un segundo plano.
La película brilla por su contención y por ese humor francés entremezclado con el más profundo drama. Pero, sobre todo, es el personaje de Otto quien está muy bien delineado. Claes Bang construye a un arquitecto perfeccionista hasta la médula, a un artista incomprendido, bohemio, más instalado en el ideal teórico que en la realidad fáctica y práctica. De esta forma, lo muestra cómo un ser solitario, centrado en su Arco y en lograr el éxito. Aunque no se retrata una ambición del éxito per se, sino en pos de la creación artística que iba a dejar en París, con ese reflejo rosado al atardecer que se proyectaría sobre el mármol de Carrara que había ideado para su gran obra.
Demoustier introduce además algunos momentos de humor que alivian el tono del biopic y contrastan con el drama personal del protagonista, incapaz de controlar cómo su obra va modificándose respecto al proyecto inicial a medida que avanza la transición política y administrativa. Aunque su ritmo pausado puede resultar exigente y su enfoque es más intelectual que emocional, El arquitecto es un film sólido, muy bien aquilatado y minimalista —tal y como fue Otto— que ofrece una reflexión interesante sobre el precio de la creación y sobre las dificultades de mantener la integridad artística en proyectos sometidos al poder y a la negociación.
Firma: Rocío Montuenga
En 1983, el presidente socialista francés, François Mitterrand, impulsa un ambicioso concurso internacional de arquitectura para construir un monumento emblemático en La Défense de París. Contra todo pronóstico, el ganador resulta ser el danés Johan Otto von Spreckelsen. Este desconocido y bohemio profesor de arquitectura centra todas sus energías en uno de los proyectos más audaces de la época: la construcción del Gran Arco. Pero lo que en un principio parece el sueño de toda una carrera pronto se convierte en una compleja y tensa experiencia, tanto para los técnicos y responsables políticos como para el propio Otto.