Esta simpática adaptación encuentra un equilibrio perfecto entre sus elementos dramáticos y cómicos para ofrecer un visionado amable, con valiosas reflexiones y dos entrañables protagonistas.
Fabienne Godet adapta Le répondeur, la novela homónima de Luc Blanvillain. A pesar de haberse traducido libremente como El amigo inesperado, “el contestador (automático)” sería una traslación más ajustada a nuestro idioma y un acercamiento más honesto a la trama de la historia. En ella, un imitador y comediante es contratado por un famoso escritor para ocuparse de sus llamadas y hacerse pasar por él con el fin de poder terminar su nueva novela.
Esta curiosa premisa consigue enderezarse mediante la construcción de dos protagonistas atractivos e imperfectamente humanos. Ambos empujan el argumento en la delgada línea entre el drama y la comedia; no hay momentos tristes como tal, pero tampoco escenas con las que romper a carcajadas. No obstante, este equilibrio permite al metraje moverse entre una amabilidad y una sinceridad con las que es fácil empatizar.
El amigo inesperado posee una estructura cercana a la comedia de enredo, pero se muestra mucho más comedida y no llega a los excesos ni a las exageraciones. Debido a esa contención dramática consigue mantenerse siempre en un contexto verosímil y cercano, a través del cual acercarse de forma natural a las reflexiones de fondo . Entre ellas, destacan el eterno debate ético sobre las fronteras entre la mentira y la verdad –aunque Godet y Barré dejan claro que esta última siempre sale a la luz– o la necesidad de asumir responsabilidades frente a las complicaciones de la vida. Asimismo, para reforzar todo esto, también resultan cruciales la simpatía de Salif Cissé y el carisma de Denis Podalydès, quienes convierten lo inusual en un lugar de encuentro y logran así conectar con el espectador de principio a fin.
Firma: Yoel González
Baptiste trabaja como teleoperador de una empresa de seguros de mascotas, pero su verdadera pasión se encuentra cuando sale fuera de la oficina. En el teatro, él disfruta ofreciendo espectáculos de comedia y tiene un gran éxito como imitador. Cuando Pierre Chozène, un famoso escritor, acude a una de sus funciones, decide contratarlo como su “contestador automático” para responderlas constantes llamadas que interrumpen su paz y su tranquilidad necesarias para acabar su próxima novela. A pesar de mostrarse reticente al principio, Baptiste acaba aceptando hacerse pasar por él. Sin embargo, lo que parece algo sencillo, se complica cuando se mete demasiado en el personaje y comienza a tomar decisiones por su cuenta.