Pese a una fotografía potente y un Tom Cruise brillante, Digger plantea una crítica social interesante que se pierde en una sátira excesiva. Esta, en su afán por hacer pensar, acaba burlándose incluso del propio espectador.
Catalogar un título como Digger dentro de las categorías cinematográficas de “ficción” o “realidad” puede suponer un cierto reduccionismo. El cine es, ante todo, un espejo de la realidad a través de la integración de todas las artes y, precisamente por eso, Digger resulta especialmente singular y, en eso, se lleva la palma: la película juega continuamente con los límites entre ficción y realidad, interpretación y verdad, desdibujando así los contornos.
Aunque la trama se sitúa en una Albania sumida en una suerte de escenario apocalíptico, el mexicano Alejandro G. Iñárritu, director de El renacido, se embarca en una propuesta tan arriesgada como ambiciosa, no solo por su estética disruptiva, sino, sobre todo, por su tono. El filme se construye como una sátira en forma de drama desbordado, donde el caos termina transformándose en el verdadero protagonista.
Tom Cruise —quien ejecuta un trabajo espectacular, muy alejado de sus papeles habituales y en el que apenas le reconocemos— interpreta a un magnate del petróleo, vinculado a una poderosa multinacional estadounidense y considerado uno de los hombres más poderosos. El Dr. Rockwell, conocido como Digger, rompe continuamente los esquemas del espectador con una actuación desatada, arrogante y extravagante. Su papel funciona como una caricatura del poder económico y de una humanidad que ha perdido el juicio al explotar la naturaleza hasta llevarla al límite: agua contaminada, aire irrespirable y un planeta que parece abocado a su destrucción.
A propósito del iceberg Judy, desprendido de la Antártida y a la deriva hacia Europa, Digger intenta convencer al mundo y a los políticos de que la explotación petrolífera era necesaria. Todo se plantea en clave de burla y paradoja: el personaje dice en voz alta lo que la sociedad está haciendo, llevando al extremo las contradicciones del progreso y del consumo en una carrera sin límite. La idea resulta interesante y algunas de las verdades que plantea están bien colocadas. Sin embargo, el tono termina alcanzando un punto tan ensordecedor que el mensaje ecologista corre el riesgo de perder eficacia.
El principal problema está, precisamente, en que el largometraje parece querer explicarlo todo a gritos. Y así, puede dar la sensación de que se impone una visión a la audiencia de principio a fin, dejando poco espacio para la reflexión y, en algunos momentos, ralentizando el ritmo hasta que resulta pesado. Además, la crítica termina concentrándose demasiado en Estados Unidos, su presidente y sus grandes magnates, cuando la cuestión medioambiental es mucho más compleja y afecta a responsabilidades compartidas.
Pese a un reparto inmejorable, una fotografía innovadora y potente, y un Tom Cruise que lo hace de maravilla, Digger, aun cuando plantea una crítica social necesaria y ofrece ideas sugerentes sobre el poder, el consumo y la destrucción de la naturaleza, resulta contraproducente en su forma de plasmar estos temas. El sarcasmo termina hastiando y, para hacer pensar, la cinta parece necesitar burlarse de todo, incluido el propio espectador. Quizá habría sido más eficaz si hubiera dejado al público un mayor espacio para interpretar, cuestionar y sacar sus propias conclusiones, en lugar de imponer con tanta insistencia su propia lectura de la realidad.
Firma: Rocío Montuenga
El hombre más poderoso del mundo provoca un desastre y se embarca en una misión frenética para demostrar que es el salvador de la humanidad.