Una propuesta de acción entretenida que logra mantener la tensión y un ritmo ágil durante todo el metraje. Sin embargo, se ve lastrada por un argumento algo flojo y previsible.
Martin Campbell apuesta esta vez por una propuesta claramente comercial con la que busca conectar tanto con el público joven como con el adulto. El director construye un thriller de acción ágil y repleto de ritmo que se ajusta a los códigos clásicos del género.
La trama se sitúa en lo alto de un rascacielos que pertenece a una poderosa empresa energética. Joey, interpretada por Daisy Ridley, es una ex-soldado que trabaja limpiando las cristaleras del edificio. Suspendida en el aire, nota algo extraño en su jefe al terminar su jornada y acaba descubriendo que un grupo de activistas ha tomado el control del lugar y mantiene retenidos a los invitados de un evento corporativo, amenazando con ejecutar a cualquiera que no siga sus reglas.
A partir de ese momento, el filme se transforma en una carrera contrarreloj donde la protagonista, atrapada en el exterior del edificio y suspendida a gran altura, se verá obligada a intervenir para evitar una tragedia mayor. Campbell maneja con solvencia la tensión y ofrece varias secuencias de acción eficaces, aunque el guion no siempre logra sostener la intensidad dramática y recurre en ocasiones a giros bastante previsibles.
Visualmente, la película apuesta por una estética fría y metálica que refuerza el tono del relato. La fotografía, dominada por tonos oscuros y azulados, contribuye a crear una atmósfera opresiva, mientras que el constante juego de planos escogidos enfatiza la altura del rascacielos y potencia la sensación tanto de vértigo como de peligro que acompaña a la protagonista durante gran parte del metraje.
En suma, Cleaner: Rescate vertical es amena y mantiene la tensión, aunque su argumento pobre y predecible la limita a un simple entretenimiento.
Firma: Rocío Montuenga
Durante la gala anual de una gran compañía energética en Londres, un grupo de activistas irrumpe en un evento corporativo y toma como rehenes a más de 300 invitados para denunciar los turbios negocios de la empresa. Sin embargo, el plan empieza a volverse cada vez más peligroso cuando afloran tensiones entre los miembros más radicales del grupo y su propio líder. Mientras tanto, suspendida a cincuenta pisos de altura en el exterior del rascacielos, una limpiadora de ventanas se convierte inesperadamente en la única esperanza tanto para los cuerpos de seguridad como para los rehenes.