Guillermo Galoe recupera su cortometraje y lo expande para presentar una obra que es a la vez una narración emotiva, un estudio etnográfico y un sugerente ejercicio de estilo cinematográfico.
En febrero de 2024, Guillermo Galoe recibió el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción por su Aunque es de noche. Ahora, estrena su ópera prima, Ciudad sin sueño, en la que expande aquel corto –con un inicio muy parecido– y recupera a Tonino (Antonio Fernández Gabarre), su protagonista, para presentarnos una suerte de trabajo etnográfico desprejuiciado que filma respetando la dignidad y con absoluta elegancia.
El director madrileño hace de su película, al mismo tiempo, un drama social, una coming of age y una suerte de western moderno donde la Cañada Real pasa a ser ese Lejano Oeste de los clásicos del género, con la particularidad de que nos toca más de cerca. Con esta combinación, narra una historia de cambios, despedidas y desapariciones: la marcha de un amigo, el desalojo forzado de la propia casa, la venta indeseada de un perro, el desvanecimiento de una comunidad… Entre todo esto expone cómo el mundo y el lugar de nacimiento configuran la propia identidad y fuerzan, a veces, una maduración prematura.
Con un toque de fábula que no abandona nunca el realismo y el naturalismo casi documental –algo que recuerda a obras como A Ciambra de Jonas Carpignano–, Gabarre cede también su punto de vista al de los más jóvenes con un ejercicio de estilo realmente sugerente. Tonino y Bilal (Bilal Sedraoui) guían en determinados momentos el objetivo con grabaciones de su hogar, sus alrededores y sus interacciones en ellos; todo esto usando filtros de colores saturados. Consecuentemente, la imagen filtrada se establece como un pequeño oasis entre ambos amigos, un lugar casi de ensoñación en el que también divagan y proyectan su futuro.
Ciudad sin sueño reafirma a Guillermo Galoe como un cineasta con una estimable mirada, comprometida con causas sociales. Todo esto mientras es capaz de narrar a distintos niveles, de mojarse frente a asuntos espinosos y de observar a aquellas comunidades a las que la sociedad a veces abandona en los márgenes.
Firma: Yoel González
Toni es un adolescente gitano que habita en La Cañada Real, el asentamiento irregular más grande de Europa, a las afueras de Madrid. El joven vive satisfecho con su vida, va de a un lado a otro con su amigo Bilal y está orgulloso de pertenecer a una familia de chatarreros, liderada por su querido abuelo. Sin embargo, todo da un vuelco cuando los derribos que están teniendo lugar en la zona se acercan a su parcela, su abuelo se niega a marcharse y toma una decisión dolorosa, y su mejor amigo le comunica que se muda a Marsella.