Un thriller de tempo pausado, firme y certero que abre un debate ético de actualidad. Además, Léa Drucker dota de una dimensión empática y humana a una protagonista ejemplar.
Después de cosechar una buena recepción con La noche del 12, Dóminik Moll vuelve con un nuevo thriller basado en hechos reales. A pesar de ser una obra de ficción, a la hora de rodar Caso 137 el realizador se encarga de dejar clara su inspiración en sucesos concretos: las crecientes manifestaciones de los chalecos amarillos en 2018 y la consecuente violencia policial desatada.
Moll tantea la delgada línea entre toda una narrativa original y la utilización de material fotográfico de las protestas ocurridas en esas fechas. Ese realismo casi documental se traslada también a la imagen de ficción con vídeos en vertical, que emulan las grabaciones en redes sociales, de los propios personajes. El tratamiento de la imagen se convierte en algo casi testimonial, también dentro de la trama y los interrogatorios.
Caso 137 cuenta así con un fuerte componente dramático y social, que se hilvana en forma de un thriller muy asentado en los diálogos más que en la premura de una acción acelerada y permanente. El pulso sostenido por un montaje preciso ayuda a mantener el suspense -y la impotencia- latente sin necesitar recurrir a grandes giros de guion.
Asimismo, la investigación administrativa en la que se ve inmersa Stéphanie, una policía de Asuntos Internos, la coloca en una posición comprometida que abre las puertas a un reflexión ética por parte del espectador. Mientras que ella tan solo intenta hacer su trabajo (y eso la posiciona como “enemiga” de sus compañeros del cuerpo), la víctima denunciante parece ser un joven adolescente inocente de su pueblo natal.
Léa Drucker lleva con un solemne temple las riendas protagonistas del film en ese retrato de una agente concienzuda, con un profundo sentido de la justicia, firme, tenaz, comprometida y, sobre todo, empática en un submundo en el que todos parecen querer protegerse a toda costa, incluso tras los errores y los delitos cometidos. Su personaje permite profundizar en esa lectura ética de la película, mientras se abordan grandes temas como el derecho a conocer la verdad y la impunidad de ciertos cargos de poder, en este caso la policía, y el peligro de caer en una red corruptiva por cubrirse las espaldas a ciegas. Asimismo, con la inclusión del personaje de Guslagie Malanda, a todo esto se añade una lectura racial que conecta irremediablemente con diversos casos recientes de la sociedad actual.
Firma: Yoel González
Stéphanie, una agente de policía de Asuntos Internos, es asignada a un caso sobre un joven gravemente herido tras una fuerte manifestación en París. A pesar del hermetismo en las declaraciones de los supuestos policías implicados y su correcto proceder, ella mantiene ciertas dudas. Cuando el incidente toma un rumbo personal, este dejará de ser un simple caso más y la necesidad de justicia llevará a Stéphanie hasta el final.