Maryam Touzani presenta un guion descompensado que se va perdiendo a medida que avanza y entre secundarios poco acertados. Sin embargo, destaca por su importante tema de fondo y una brillante Carmen Maura.
En su tercer largometraje, la guionista y directora nacida en Tánger, Maryam Touzani, ofrece al espectador una colorida y vitalista simbiosis entre una mujer y la calle donde ha vivido, sufrido y amado toda su existencia. María Ángeles, la protagonista, se mueve entre las abigarradas calzadas disfrutando de todas las sensaciones con las que los comerciantes y sus productos impregnan el ambiente. Ese pequeño pero rico universo, se va a ver truncado por la aparición de la hija de María Ángeles y su decisión de vender el piso y llevarse a su madre a Madrid o a una residencia, si prefiriera quedarse en Tánger. Un tema tan duro como actual en estos días que corren, en los que el agradecimiento y cuidado de nuestros mayores pasa a un segundo plano ante las dificultades económicas del día a día y, tampoco hay que negarlo, el egoísmo de pensar solo en las propias necesidades.
Tanto la premisa como la idea de fondo son atractivas, interesantes y provocan empatía y reflexión. El desarrollo, sin embargo, y lamentándolo mucho, deja mucho que desear. Por un lado, el guion, brillante en el planteamiento y en la primera mitad, se descalabra en la parte final, cuando opta por dar vueltas, sin ideas y sin pudor, alrededor de la relación de María Ángeles y Abslam. El cansino exhibicionismo desemboca en un desenlace abierto que más que cotidianeidad o licencia poética, suena a falta de valentía; Maryam Touzani parece no querer quedar mal ni con la madre ni con la hija.
Por otro lado, Calle Málaga tiene una gran fuerza que, a ojos vista, se convierte también en problema. Y esta fuerza no es otra que la arrolladora interpretación de Carmen Maura. La veterana actriz encarna su papel de manera magistral, con multitud de matices, sin temer los primeros planos que se acercan a su personaje y revelan su sabia senectud llena de arrugas, tanto en el rostro como en las manos. Todo un festival interpretativo que, como digo, acaba minando la calidad dramática del film. ¿La causa? Que ni Marta Etura como su hija, ni Ahmed Boulane como Abslam, están a su altura –de hecho, ni se acercan–. Esto hace que las escenas más interesantes de la película queden descompensadas y carentes de fuerza. De hecho, al terminar el visionado, los momentos que permanecen en la retina y se saborean en la memoria, son los que tienen a Maura como única protagonista paseando, saludando o rememorando tiempos mejores desde el balcón de la calle Málaga.
Firma: Esther Rodríguez
En la concurrida calle Málaga de Tánger vive, desde hace 40 años, María Ángeles. Conoce a todo el barrio y todo el mundo la quiere. Su hija, enfermera en Madrid, quiere vender la vivienda y llevarse a su madre a España. María Ángeles deberá idear el modo de poder quedarse en su amada ciudad.