Gore Verbinski vuelve a la esencia de sus primeras películas con esta comedia distópica de aire genuino, que plantea una reflexión sobre cuestiones muy actuales, como el impacto de la inteligencia artificial en la felicidad humana.
Tras su debut con Mousehunt y su consolidación con The Ring, Gore Verbinski alcanzó la cima comercial con las primeras entregas de Piratas del Caribe. Ahora vuelve a su esencia con Buena suerte, pásalo bien y no mueras, que irrumpe con un planteamiento tan peculiar como coherente dentro de su propio universo: un hombre procedente del futuro, vestido con una armadura metálica, asalta una hamburguesería y amenaza a los clientes con una bomba. Desde la apertura, la película establece un tono propio en el que se combinan ciencia ficción, terror, suspense, comedia y drama con total libertad.
El filme se articula a partir de una idea original y alejada de cualquier estereotipo, construida bajo una mirada propia en la que conviven personajes insólitos: una joven vestida de princesa que sangra al contacto con las pantallas; un matrimonio de profesores obligados a abandonar su vida académica tras ser desplazados por sus alumnos dominados, cual zombis, por lo digital; o una madre que ha clonado a su hijo fallecido como forma de afrontar el terrible duelo que padece. Todos habitan un mundo distópico controlado por una inteligencia artificial que ha traspasado cualquier límite moral.
En este tiempo, la humanidad vive sus días bajo una huida constante: gafas de realidad virtual que sustituyen la experiencia real, contenidos infinitos y obscenos que erosionan la atención destruyendo los vínculos afectivos, y relaciones artificiales generados por programación. En la cúspide del sistema se encuentra una figura curiosa: un niño fanático de la inteligencia artificial que, rodeado de tecnología, controla el destino del mundo desde su fortaleza digital.
Buena suerte, pásalo bien y no mueras entrelaza estas historias a través de una estructura fragmentada que refuerza su aire peculiar. En definitiva, el largometraje no gustará a todos los públicos y, aunque está interpretada con solidez y plantea una potente reflexión sobre el futuro de la humanidad dominada por la tecnología, resulta compleja y enrevesada.
Firma: Rocío Montuenga
Un hombre irrumpe en una abarrotada hamburguesería y amenaza a los clientes con una bomba si no obedecen sus indicaciones. Asegura venir del futuro y afirma que es la 117ª vez que retorna con la misma misión: reclutar a un grupo de voluntarios completamente inexpertos para evitar el inminente fin del mundo.
En una carrera contrarreloj, deberá convencer a estos improbables elegidos de que la inteligencia artificial está a punto de provocar el apocalipsis y que solo ellos podrán salvar a la humanidad del acecho de las redes sociales. Pero todo parece jugar en contra: desde adolescentes absorbidos por lo digital hasta extrañas fuerzas algorítmicas que escapan a su control.