Russell Crowe escribe, produce y protagoniza un filme que halla en su reparto su punto de interés. Sin embargo, su historia ya vista y un excesivo subrayado tanto narrativo como visual acaban lastrando el conjunto.
Beast (La bestia) se inscribe como un título más dentro del ya ampliamente experimentado género de las películas de boxeo y artes marciales, cuya tradición ha dejado emblemáticos títulos. Desde el brillo de Sylvester Stallone en los años 80 hasta la mirada intimista de Clint Eastwood al otro lado del ring, el cine ha explorado repetidamente la relación entre entrenador y luchador, los fantasmas de sus pasados y la forma en que ambos intentan reconstruirse a través del combate, defendiendo su dignidad y su supervivencia emocional en el momento crucial del enfrentamiento.
En ese sentido, y salvando las distancias con Rocky o Million Dollar Baby, Beast (La bestia) se percibe como una propuesta similar que no llega a alcanzar la fuerza ni la creatividad de sus predecesoras. Aun así, recupera temas habituales como la disciplina extrema del MMA, la figura del oponente casi amoral, las dificultades personales del protagonista y la idea del combate como vía de justicia o redención. También explora el conflicto entre vida personal y profesional, así como el deporte entendido como forma de superación.
Sin embargo, el filme se resiente a causa de su previsibilidad y su poca profundidad en unos temas previamente tratados con mayor originalidad. Asimismo, apuesta por lo excesivo tanto a nivel narrativo como visual. Su metraje se dilata y la violencia, aunque bien ejecutada en los cameos, se retrata en un tono visceral que termina por saturar. De esta manera, esta desproporción debilita una historia con una interesante premisa de sanación personal, pero que acaba resultando previsible y forzada.
Por eso, es el reparto el principal sostén de Beast (La bestia). Russell Crowe destaca en su papel secundario como entrenador retirado, acompañado por el australiano Daniel McPherson, que ofrece una interpretación solvente, y por Kelly Gale, como una esposa que aporta un contrapunto de serenidad dentro de una trama dominada por la acción.
Firma: Rocío Montuenga
Un antiguo campeón de MMA, retirado e invicto, se ve obligado a volver al combate con la ayuda de su exentrenador. Marcado por la muerte de su hermano menor y ahogado por problemas económicos, decide regresar a la competición para enfrentarse tanto a sus fantasmas personales como al rival más temible.