Como un cuento de los Grimm, infantil y terrorífico a la par, esta original idea mezcla distintos géneros y cuenta con sorprendentes giros de guion y portentosas actuaciones. Sin intentar aleccionar, sí que ayuda a reflexionar.
Bad apples no es una película más sobre profesores ni creo que pretenda aleccionar sobre las urgentes y profundas mejoras que deberían hacerse en el mundo educativo. Me temo que el proyecto del director Jonatan Etzler en su segundo trabajo y de la guionista Jess O’Kane, sea fruto de haber encontrado una idea original en la que podían mezclar drama, intriga y comedia negra envuelto en cine social. Y, sin embargo, me parece, aparte de un gran trabajo cinematográfico, una muy interesante escenificación de los males que aquejan a nuestra sociedad y de la que son víctimas indudables nuestros niños/alumnos.
Los primeros compases de la película dejan claros los parámetros que van a guiar su desarrollo. Una ambientación rural y lluviosa de clase media-baja, unas imágenes de los manzanos que incoan el tono metafórico de la tragedia y un punto de inverosimilitud que va a dar a Bad apples la coartada para convertirse en un cuento de los Hermanos Grimm: infantil pero terrorífico.
La presencia en cualquier aula de alumnos disruptivos con tendencia a la brutalidad es, tristemente, una realidad demasiado habitual. De ahí toman la idea los realizadores. Pero, como decía, es inverosímil, como cuentan al principio del film, que los padres del resto de los alumnos no lideren la protesta ante la dirección y la carguen contra la profesora. Sin embargo, el discurrir del guion, con la sucesión de giros surrealistas que protagoniza la maestra, mantiene un difícil equilibrio entre lo exagerado y lo que factible que, unido al humor negro, hace de Bad apples un sólido relato.
La portentosa interpretación de Saoirse Ronan y de los niños Eddie Waller y Nia Brown dan credibilidad a esta historia que avanza sin prisa pero sin pausa, mientras va cargándose de tensión gracias a una estupenda banda sonora y a unos grandes efectos de sonido y de iluminación. Y a pesar de que llega a ser espeluznante, como algunos de los aterradores cuentos de hadas que antes citaba, también como estos se presta a una moraleja o enseñanza. Es imposible no comparar las conductas de padres y educadores con actitudes de nuestro entorno, aunque espero de corazón que nadie llegue al egoísmo y a las acciones que cuentan aquí.
Firma: Esther Rodríguez
Maria Spencer es una voluntariosa maestra de Primaria que ve cómo todos sus esfuerzos caen al vacío por culpa de uno de sus alumnos. Para evitar que siga perjudicando a la clase y poniendo su trabajo en peligro, acabará tomando una extraña y delictiva decisión.