Esta adaptación de la serie homónima de cortos reúne sus elementos distintivos, una ingeniosa expansión narrativa y dos grandes actuaciones para configurarse como una de las propuestas de terror más sugerentes del año.
Hace cuatro años Kane Parsons inició una serie de cortometrajes de terror y ciencia ficción en Youtube que rápidamente se transformó en un fenómeno. Ahora su espeluznante juego con los espacios liminales pasa a la gran pantalla con un guion de Will Soodik, pero Parsons repite como director en su debut cinematográfico.
Backrooms mantiene esa videocámara subjetiva como elemento distintivo, pero amplía su dimensión narrativa y perfila mucho más a los protagonistas con el fin de que sus contextos, sus personalidades y sus traumas permitan añadir capas de lectura a la película. Esa mezcla entre el espacio digital y lo analógico encuentra una consonancia directa con nuestro tiempo y con el marco conceptual detrás del entramado de terror psicológico. Este no es más que una excusa para hablar, por un lado, de asuntos más individuales – los efectos del trauma y de los recuerdos, por ejemplo– o, por otro lado, de cuestiones macrosociales como el capitalismo.
Sin embargo, uno de los aciertos del film es justamente que no impone ese discurso por encima del terror que ya despertaban los cortometrajes, sino que logra que convivan en consonancia y se retroalimenten. No propone respuestas directas y cede el papel activo al espectador, mientras que se mantiene firme en su cometido de entretener igualmente y ofrecer un relato donde Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve despliegan grandes interpretaciones.
Asimismo, su planteamiento más metafórico y simbólico no resta fuerza a la experiencia del visionado, sino que se perfila con un preciso diseño sonoro y unos grandes angulares que resultan envolventes para el espectador. Además, la apuesta del director por estas lentes permite un juego espacial que expande las habitaciones y distorsiona a los personajes. Estos se ven más pequeños dentro del vacío de las estancias; un vacío que se erige como otro de esos elementos que acentúan el miedo y la tensión ante lo imprevisible.
En definitiva, Backrooms supone un punto de inflexión dentro de las narrativas de terror y, por ello, resulta de interés tanto para los amantes del género como para aquellos espectadores interesados en nuevas miradas que proponen formas divergentes respecto de modelos estandarizados. Kane Parsons lleva al público hacia una historia con más interrogantes que certezas, pero en cuyos pliegues se abre un espacio polivalente para detenerse ante significativas imágenes, reflexionar sobre cuestiones presentes –si así se desea– y pasar un rato progresivamente más incómodo y angustioso.
Firma: Yoel González
Clark, un arquitecto divorciado que trabaja en una tienda de muebles, descubre una extraña puerta en el sótano del local que lo traslada a otra dimensión. Su terapeuta Mary, preocupada por sus cambios de humor y su posterior desaparición, investigará lo ocurrido, dispuesta incluso a adentrarse en lo desconocido para intentar salvarlo.