Ganador del Goya, este corto deja sin palabras a través de una historia que aborda con crudeza y sin concesiones el acoso escolar y sus devastadoras consecuencias, para invitar a reflexionar sobre la violencia que muchas veces permanece “en ángulo muerto”.
Resulta admirable que Cristian Beteta haya logrado, en apenas quince minutos, contar una historia contenida y, al mismo tiempo, tremendamente explícita, en la que saca a la luz uno de los temas más actuales en nuestra educación: el acoso escolar y la violencia sexual que se produce entre adolescentes a modo de burla. Se da un abuso de poder que conduce a acciones perversas mediante amenazas y chantajes previos.
Esta es la historia de Hugo, un adolescente de 13 años que no solo sufre la separación de sus padres, sino también un acoso constante entre su grupo de amigos, que finalmente lo conduce al suicidio. Lo sorprendente del corto es que toda la acción se desarrolla dentro de un coche, donde los padres, Estela y Ramón, dialogan entre lágrimas, rabia reprimida, reproches y una profunda tristeza. En ese intercambio de palabras y silencios incómodos se hace visible “el ángulo muerto”, idea central que vertebra la obra: los padres, sumidos en su propio conflicto, eran incapaces de ver lo que ocurría con su hijo.
El coche y los retrovisores funcionan como un personaje más, recordando que, en muchos casos, tragedias como esta podrían haberse evitado si se hubiera visto a tiempo. Además, el corto introduce el tema del ciberbullying con un vídeo en el que aparece Hugo siendo agredido, lo cual da pie a la conversación de los padres que deriva en un desenlace sorprendente e invita a una honda reflexión. David Verdugo ha sabido leer entre los signos actuales para conformar un guion aquilatado y que llega en un momento muy oportuno.
El corto es impresionante: las luces oscuras entre negro y azul, junto a las expresivas actuaciones de Eva Llorach y Carlos Santos, hacen de quince minutos un instante angustioso, tanto por lo que se ve como por lo que queda oculto y, por ende, a la libre imaginación del espectador. La combinación de lo implícito y lo explícito convierte a Ángulo Muerto en un filme idóneo y muy necesario para un cinefórum con padres y educadores. En ella se encuentra una cruda historia que alerta sobre las devastadoras consecuencias del bullying y su propagación en redes sociales, que agravan aún más los daños de estas conductas denigrantes.
Por todo esto, es lógico que se haya llevado el Goya al «Mejor corto de ficción».
Firma: Rocío Montuenga
Estela y Ramón, dos padres separados, se reencuentran en un coche tras la trágica muerte de su hijo Hugo, un adolescente de 13 años que ha sido víctima de acoso escolar,Sumidos en un duelo silencioso y fragmentados por el dolor, la situación de los progenitores cambia cuando Estela recibe una grabación de los agresores que revela datos inesperados sobre lo ocurrido y los obliga a enfrentarse juntos a la verdad que tanto había evitado.