Bárbara Lennie y Aitana Sánchez-Gijón destacan en una historia que, pese a sus irregularidades en los diálogos, encuentra una interesante confesión sobre los miedos del proceso creativo y sus resonancias con la realidad.
Después de adaptar la novela de Sigrid Nunez en su primer largometraje en inglés, Pedro Almodóvar regresa con Amarga Navidad. A través de dos historias entrelazadas, Almodóvar saca a relucir las preocupaciones del propio autor y comparte algunas reflexiones en torno al proceso creativo y sus resonancias con la vida misma.
Marcada por sus composiciones detalladas y los cromatismos ya característicos del cineasta manchego –donde resaltan los simbólicos rojos y verdes–, la película supone una continuación en la madurez narrativa de su reciente filmografía y una vuelta a ese tono cómico perfectamente casado de alguna de sus destacadas obras. El humor autoconsciente, que aprovecha el histrionismo o la perplejidad de determinados momentos, se combina con un tono general marcadamente melodramático.
La escritura del guion llevada a cabo por Raúl (Leonardo Sbaraglia) se entreteje con la historia de Elsa Rosado (Bárbara Lennie), protagonista de ese guion, en un ejercicio de metaficción bien urdido. Así pues, la voz en off de Raúl anuncia las líneas de escritura que se van superponiendo a la imagen de la trama de Elsa, en un vaivén que muestra cómo ficción y realidad se retroalimentan.
A pesar de sus escenas “sobredialogadas” y cierta teatralidad en recurrentes momentos, Almodóvar sobresale en los instantes de mayor sutileza y en la presencia de los silencios. Ayudado, eso sí, de un reparto firme y entregado, entre el que destacan las actuaciones de Bárbara Lennie, hipnótica de principio a fin, y de Aitana Sánchez-Gijón, quien entrega algunas de las mejores y más emotivas escenas de la película.
Ante todo, Amarga Navidad es una obra para aquellos afines al universo almodovariano, pues más allá de asuntos universales como el duelo o la amistad, la obra indaga en los entresijos de la creación artística y sirve a modo de confesión del propio realizador. La voz de Almodóvar apunta al estado de la industria y, sobre todo en ese tramo final más verbalizado, se abre en canal sobre sus preocupaciones como autor, sus miedos aún presentes –no dar con la idea, repetirse o caer en la autocomplacencia–, y una angustia latente ante la posibilidad de dejar historias pendientes por contar. En definitiva, se trata de una exploración del proceso creativo y de los límites de la libertad artística y la “vampirización” de la propia realidad y aquellas personas que la conforman.
Firma: Yoel González
Elsa es una directora de publicidad que, un año después de la muerte de su madre durante un puente de diciembre, sigue sumida en un duelo silencioso. Aunque trabaja incansablemente para rehuir el dolor y cuenta con el apoyo incondicional de su pareja, Bonifacio, cuando la fecha marcada en el calendario se vuelve a acercar, los sentimientos reprimidos comienzan a pasarle factura.
Todo esto se narra paralelamente a la escritura del nuevo guion de Raúl Durán, un director de cine que se encuentra preparando su próxima película. Siente que a la historia le falta algo y que tan solo puede beber de la realidad para encontrar aquello que verdaderamente quiere contar en la ficción.