Altas capacidades realiza una crítica en clave de humor a la sobreprotección parental. Sin embargo, su prometedora premisa termina lastrada por escenas forzadas y un humor poco natural.
Altas capacidades, dirigida por Víctor García León y escrita junto a Borja Cobeaga, plantea en clave de comedia una premisa muy actual: la obsesión de unos padres ante la posibilidad de que su hijo tenga altas capacidades. A partir de este escenario, el relato explora cómo emergen miedos, inseguridades, obcecaciones y contradicciones tanto en los padres como en el entorno educativo a la hora de tratar con niños considerados “especiales”.
La película entretiene y ofrece una mirada crítica —casi de denuncia social— sobre la educación contemporánea, centrada especialmente en la sobreprotección. Se plasma con acierto cómo algunos padres son capaces de todo tipo de estratagemas para garantizar el éxito académico y el buen desarrollo de sus hijos, excepto lo más esencial: comunicarse con ellos. En este sentido, el filme pone el foco en una realidad muy identificable de la clase media-alta actual, que pone de manifiesto cómo el deseo de ofrecer lo mejor a los hijos puede derivar en actitudes obsesivas e incluso moralmente cuestionables.
No obstante, el tono humorístico, muy característico de Cobeaga, juega a veces en contra de la historia. Los diálogos tienden a forzarse excesivamente y, en muchas ocasiones, resultan inverosímiles. Esta búsqueda del efecto cómico acaba provocando que se diluya el núcleo emocional del relato. Falta cierta moderación que permita conectar de forma más empática con los personajes, cuya complejidad queda eclipsada por lo artificial del tono.
Pese a ello, el reparto ofrece interpretaciones sólidas que sostienen la cinta y elevan muchas de sus escenas. El discurso de fondo sigue siendo relevante y necesario: una crítica a un modelo educativo donde el poder adquisitivo y la ambición pueden sustituir al tiempo, la atención y el diálogo, elementos fundamentales en la educación. La película acierta al mostrar cómo, en ese contexto, los hijos pueden crecer rodeados de privilegios materiales, pero carentes de una verdadera conexión emocional con sus padres. Por ello, Altas capacidades deja una reflexión pertinente sobre la paternidad actual y el modo en que se plantea hoy la educación.
Firma: Rocío Montuenga
Alicia y Gonzalo son un matrimonio de clase media que se plantea un cambio en la educación de su hijo Fer: trasladarlo de un colegio público a uno privado de élite tras descubrir que posee “altas capacidades”. Aunque justifican la elección como una apuesta por el bienestar de Fer, el cambio también les abre la puerta a un nuevo estatus, a círculos sociales más privilegiados y a oportunidades laborales que mejoran su posición económica. A medida que se adentran en ese entorno, se ven atrapados en una paulatina contradicción entre sus valores morales y unas expectativas sociales que, casi por ósmosis, terminan haciendo propias.