Tarik Saleh cierra su trilogía de El Cairo con una propuesta que no utiliza sus prometedores elementos para consolidar la narración. Pese a ello, cuenta con un protagonista a la altura para sostener el peso dramático.
Águilas de El Cairo pone fin a la trilogía de El Cairo, que Tarik Saleh inició con El Cairo confidencial y continuó en Conspiración en El Cairo. En este cierre, persiste en radiografiar el estado de la nación de su ascendencia paterna y en exponer la corrupción que se mueve entre las esferas de poder y la clase dirigente.
Fares Fares vuelve a colaborar con el director sueco, cambiando de nuevo su papel protagonista respecto al resto del tríptico. En esta ocasión, se pone en la piel de George Fahmy, “el faraón de la pantalla”, un actor egipcio de renombre y estrella de grandes producciones dentro del país. Un giro en su postura apolítica lo sumerge en una espiral de conspiraciones y complots, mientras que va sucumbiendo a una obligada pasividad: se convierte en un mero títere del sistema que ve puesto en jaque su código moral.
De ritmo contenido y un argumento que se va desenredando poco a poco, la película sigue el rodaje de la producción propagandística a la que George se ve empujado, La voluntad del pueblo, y entremezcla el thriller con toques de comedia –sobre todo al inicio– y el drama personal e intrafamiliar. Todo ello mientras se van moviendo las fichas de los juegos de poder en las sombras.
A todo esto, el film flaquea no tanto en esa mezcla de géneros, sino en toda una serie de elementos mal articulados y abordados con superficialidad. Por un lado, la inconsistencia argumental de la trama paternofilial y la anulación del personaje femenino a un simple interés amoroso; ambos reducidos a frívolos y efectistas instrumentos narrativos. Por otro lado, la construcción del suspense desde un constante subrayado musical. Y, por último, la ausencia de una mirada que encarrile el trasfondo temático y crítico. En esa falta de discurso –consciente o inconsciente– y en la búsqueda de una falsa objetividad, la historia decae y, cuando todo estalla en el tercer acto, no consigue generar el efecto sorpresivo esperado. En definitiva, Águilas de El Cairo queda como un prometedor ejercicio de cine negro que contaba con todos los elementos para ofrecer un visionado destacable y de sugerente relevancia, pero decide quedarse a medio camino. Eso sí, sin duda, Fares Fares consigue sostener el peso del metraje y hacerlo más llevadero.
Firma: Yoel González
George Fahmy es un aclamado actor en Egipto, con una amplia trayectoria que lo ha llevado a consolidarse como “el faraón de la pantalla”. Sin embargo, cuando cae en desgracia con personas de las altas esferas, se ve obligado a aceptar un proyecto propagandístico supervisado por las autoridades gubernamentales. Eso lo llevará a entrar en contacto con un selecto grupo con gente poderosa y peligrosa en lo que supondrá una conspiración a dos bandas.