Esta comedia hitchcockiana sirve a modo de reinterpretación simpática de «La ventana indiscreta». Una historia sobre la reconexión de pareja que, aunque se pierde en sus referencias, resulta entretenida.
Rémi Benzançon presenta una película que mezcla el humor y el thriller más clásico –como los crímenes de Agatha Christie– para narrar una historia de reconexión entre una pareja formada por un escritor de novela policial y una especialista en Hitchcock. Aunque en su tono blanco recuerda a Solo asesinatos en el edificio, es evidente que la fuente central de inspiración, casi hasta el punto de acabar haciendo un remake, es La ventana indiscreta. De alguna forma, Asesinato en la 3ª planta funciona a modo de homenaje por parte de Benzançon tanto a la gran obra del maestro de suspense como al propio director británico.
En ese juego constante de metaficción, el supuesto crimen descubierto por Colette despierta en la pareja protagonista un ferviente impulso que los une después de que su relación haya caído en una fría monotonía y en una convivencia de mutua desconexión. La peculiaridad de unos personajes que se toman demasiado en serio a sí mismos y ese misterio latente resulta en una sinergia que funciona y entretiene de principio a fin, enganchando lentamente al espectador.
Más allá de una constante presencia de Hitchcock –con cuyas obras, la presente queda bastante por debajo– y de un uso cuestionable de la IA, Asesinato en la 3ª planta sabe llevar un buen ritmo, incluir algún que otro giro interesante y mantenerse en un equilibrio admirable entre tensión y humor. Esto se consigue, en parte también, gracias a la gran sintonía entre un expresivo Gilles Lellouche y una enérgica Laetitia Casta, quienes regalan algunos grandes y divertidos momentos. Así pues queda una simpática propuesta para reirse, disfrutar y pasar un rato agradable.
Firma: Yoel González
François es un novelista apasionado por las historias criminales y policíacas, pero solo sus libros resultan emocionantes y en su vida todo es algo distinto. Colette, su mujer, trabaja como profesora de la Sorbona como especialista en el cine de Alfred Hitckcok y solo en sus películas encuentra el entusiasmo que querría tener en su día a día. Ambos se han acostumbrado a la apatía que se ha asentado en su matrimonio. Sin embargo, su vida en pareja abandona cualquier ápice de tranquilidad y aburrimiento cuando Colette entrevé una fuerte discusión entre sus nuevos vecinos y sospecha que el marido ha asesinado a su esposa.