Impactante y muy interesante drama carcelario de realización y producción íntegramente española. Una historia que nos acerca a una realidad desconocida para la mayoría de nosotros, a pesar de desarrollarse en nuestro entorno. La dureza de la trama se trata sin veladuras, aunque con la mayor delicadeza posible; trato lógico cuando sabemos que estamos hablando de personas, delincuentes, pero personas.
El film retrata y explora, con realismo y humanidad, la existencia de una serie de personajes que deben compaginar la vida en común y sin intimidad con los otros reclusos y funcionarios, con sobrellevar su soledad interior, que sienten de manera desgarradora, a pesar de moverse en medio de tanta gente y tanto ruido. Una soledad dedicada sobre todo a lamentar sus miserias, en cuanto que les tienen alejados de sus seres queridos; a quienes, además, su situación provoca dolor y perjuicios.
Un guión muy bien pensado, con una cuidada y eficaz descripción de los personajes, son los responsables de la calidad de esta película. Consigue dotar a las tramas de la agilidad necesaria para que no aburran y den la pausa imprescindible para poder madurar y reflexionar lo que estamos viendo. Sí que es cierto también que, en la segunda mitad, el libreto pierde pie y decide apoyarse en algunos giros de guión incomprensibles y en la inclusión de detalles más agresivos y obscenos con el fin, supongo, de desatascar la narración. Pero para entonces el espectador está tan entregado a las desventuras de Sara, Juani, Carmona y compañía que ni se plantea no perdonarle estos errores.
Si sorprende el acierto en la realización y en el tono de 321 días en Michigan, la sorpresa crece aun más cuando indagamos y nos enteramos de de la poca experiencia cinematográfica (en largometrajes) de todo el equipo técnico, artístico e interpretativo. A pesar de sus escasos proyectos anteriores, la solidez y convicción de su trabajo los pone por encima de la calidad profesional de muchos otros actores y directores más veteranos y famosos que se mueven habitualmente por las pantallas de cine.
En esta película nadie sale (metafóricamente) herido. Ni los presos, ni los funcionarios que los vigilan y cuidan, ni los asistentes sociales, ni las circunstancias, ni, lo que es más difícil en este tipo de dramas sociales, el propio espectador, se sienten agredidos por un discurso extramoralizante de esos que culpan al mundo (público incluido) de todos los males de sus personajes. Tan solo (y eso es lo bueno) nos sentimos interpelados por el realismo y cercanía de esos dramas.
Y en definitiva, ahí está el mérito de esta película. En la sinceridad con la que nos cuentan las cosas. Y por eso es tan eficaz el trabajo de estas promesas del cine tan profesionales. Porque su director, Enrique García, ha pasado cientos de horas ayudando y colaborando en la cárcel de Alhaurín de la Torre y nos ha enseñado a mirar a los personajes de la película como él mira a los reclusos con los que comparte su tiempo, es decir, con cariño.
Firma: Esther Rodríguez
Antonio es un exquisito y joven abogado que debe pasar una temporada en la cárcel por un delito financiero. Ha ideado un ingenioso plan para que nadie de su entorno conozca su paradero, ya que para él la imagen y las apariencias son lo primero.
Una vez en el centro penitenciario, conocerá un mundo totalmente distinto al suyo y a pesar de que intentará, como siempre, aprovecharse de los demás, irá comprendiendo y admirando poco a poco a los otros internos, en especial a Sara, una reclusa que debe sacarse el Graduado Escolar para poder obtener el tercer grado y así poder salir y ocuparse de sus hijos.