Cinco trucos para mantener la atención en el aula digital

La atención, como nos han enseñado Manfred Spitzer (1) y Eric Jensen (2), es un recurso mucho más limitado de lo que se pensaba. En estos últimos años, se han ido enriqueciendo los conceptos que debemos tener en cuenta, especialmente, los que nos dedicamos a formar a las personas. Y, además, se ha sumado a la investigación la llamada neurodidáctica, ya que estamos utilizando herramientas digitales para enseñar y formar a nuestros alumnos.

La neurodidáctica estudia los cambios que sufren los circuitos en el cerebro durante el proceso de aprendizaje. Por tanto, esta disciplina puede ayudar a los educadores a desarrollar mejores estrategias didácticas.

En estos días, desde la distancia, pero con la “cercanía” que proporciona la tecnología, seguramente habrás pensado más de una vez en cómo conseguir despertar y mantener la atención de tus alumnos en el aula digital.

La actual neurociencia cognitiva nos explica la existencia de ciclos clave en la atención, la influencia de componentes químicos y biológicos y algunos trucos que nos ayudan a centrar nuestra atención.

Cerebro y atención

Cinco trucos

Cualquier tipo de atención (selectiva, continua, parcial, visual, auditiva, sostenida) es el proceso que se pone en marcha parar responder a un estímulo o tarea e ignorar otros. Ante el asedio de estímulos sensoriales a los que somos sometidos, la atención filtra la información recibida, precediendo y desempeñando un papel fundamental en la percepción, la acción y la memoria. Casi siempre, la información entrante supera la capacidad de procesamiento de nuestro sistema nervioso, lo que hace imprescindible el mecanismo de atención.

Existen unos ciclos clave en el cerebro de las personas y, dependiendo de la edad, la genética, la química y la disposición personal, podemos mantener la atención de maneras distintas: la atención selectiva, focalizada, suele durar entre 7 y 15 minutos. La atención continua o sostenida puede llegar a oscilar entre los 90 y 110 minutos.
Hay que señalar siempre que el factor temporal es una variable decisiva en el aprendizaje pues, a nivel neuronal, se requiere tiempo para fortalecer las sinapsis (conexiones neuronales) y debemos evitar las distracciones que se generan a nuestro alrededor.

El aprendizaje de nuevos conceptos o destrezas requiere un tiempo de procesamiento y asimilación.

Por eso, los docentes sabemos que nuestros contenidos no deberían superar bloques de entre 15 y 20 minutos. Después, sabemos que hay que invertir unos minutos en reflexionar sobre lo explicado o en descansar, para facilitar el aprendizaje y optimizar los ciclos de atención,.

En estas pausas o en nuestras propias distracciones tienen mucho que ver las hormonas y los neurotransmisores. Cuando paramos, descansamos o estamos distraídos, los niveles de norepinefrina o noradrenalina (una sustancia química importante para el control y el mantenimiento de la atención) disminuyen en segundos.

¿Cómo recuperamos la atención? Cinco trucos

Cinco trucos

Ha llegado el momento de hacer algo para recuperar el interés de nuestros oyentes. Es entonces cuando el profesor puede echar mano de alguno de los siguientes recursos:

a. Sorprender. Frases especiales para despertar la curiosidad.
Debemos tener en cuenta que el principio de la clase siempre es clave y hay que prepararlo. No obstante, desconcertar al alumno con frases tipo “Os voy a contar algo que no sabe nadie…”, “Esto que vamos a ver ahora es un nuevo descubrimiento” o “Seguramente nunca habréis oído esto porque…” funciona también para recuperar el interés.Algunas hay que utilizarlas solo una vez cada cuatro o cinco días. Y, es mucho más efectivo que les sorprendamos con creatividad y de manera diferente cada vez. Podemos tener a mano una lista de “frases especiales” para utilizarla, ampliarla, mejorarla, etc.

b. Retar. Desafíos digitales que estimulan la motivación y la creatividad. Por ejemplo con propuestas como: “Hay que descubrir la palabra escondida en este texto” o “en esta página web”, “Haremos cinco equipos y veremos quién encuentra más rápido una foto de…” o “En dos minutos hay que descubrir la razón por la que este rey abdicó”.
Conviene hacerlo, como mucho, una vez al día para no saturar o perder la fuerza del efecto.

c. Asociar. La relaciones musicales ayudan a recordar una idea, un tema o una historia. Se pueden utilizar ideas como: “Esta era la canción que cantaban en la revolución francesa”. (Las Bodas de Fígaro), “Este era el himno de los del Norte y es el himno de los del sur”. “Contrasta: ¿Qué música le pega más a este obra de arte, este cuadro?”
Conviene hacerlo, como mucho, una vez al día.

4. Repetir. La reiteración ayuda a la memorización. Este recurso tiene diferentes aplicaciones: “Buscar una clasificación y leer un titular cada uno. Otra vez. Ahora guardarla en…”, “Repite el nombre de las imágenes que ves en el dibujo y escríbelas” o en asignaturas de idiomas: “Escucha y repite el tono”, etc.
Se puede hacer una cada hora.

5. Buscar. La red ofrece infinidad de lugares donde encontrar información, Podemos acompañar a los alumnos para que sepan dónde y cómo buscar, además de enseñarles a identificar los sitios oficiales (Wikipedia no sirve para todo). Por ejemplo: “Haz clic en esta enlace y escribe lo primero que se te ocurra al ver las imágenes”, “¿Quién quiere saber de qué color es…? ¿Dónde los podemos buscar?”, “Vamos a ver el Palacio donde vivía…” o “En esta casa vive el actor de la película…”
Se pueden usar muchas veces.

Estos cinco trucos son útiles en el aula convencional, pero más aún en el aula digital, una situación en la que no dominamos el entorno real de cada alumno o que incluso, en muchos casos, ni lo vemos.

Estas y otras herramientas similares provocan la subida de los niveles de diversas hormonas como el cortisol, la adrenalina, la dopamina y la norepinefrina. Estos son algunos de los neurotransmisores que tienen una repercusión fundamental en el control y el aumento a largo plazo de la atención.

Cerebro y emociones

cinco trucos

También influyen directamente en nuestro estado de ánimo. Por eso, hoy lo llamamos aprendizaje emocional. Con un mayor conocimiento de los resortes de facilitamos mejores respuestas y ponemos en marcha el autocontrol y la autodisciplina necesarias para mejorar la atención.

La neurociencia ha avanzado mucho en los últimos años y nos muestra que lo novedoso, lo relevante, el contexto emocional en el que nos encontramos, los estímulos visuales, las recompensas o todo aquello que nos resulta sorprendente capta mejor nuestra atención, activando más algunas zonas del cerebro. Además, al recibir alguna de estas impresiones, hay zonas de la corteza cerebral que se bloquean y no permiten el paso de otras informaciones discordantes por lo que decidimos reafirmarnos y fijarnos sólo en aquello a lo que estábamos atendiendo.

También despiertan mucho interés las recompensas. Pero es mejor utilizar ese recurso muy pocas veces, porque el cerebro se activa mucho más si el premio es inesperado.

Los docentes sabemos que hemos de actuar jugando con los procesos de atención y consciencia de nuestros alumnos, tal y como hacen los artistas de la magia con sus espectadores. Para nuestros alumnos, el aprendizaje en el aula ha de resultar emocionante y, para ello, nada mejor que relacionar los contenidos académicos con experiencias que les sorprendan. Ello requiere provocar los deseos y las motivaciones de los estudiantes activando la grabación y la eficiencia cerebral. La educación que favorece la optimización de la atención alcanzará la excelencia.

Firma: Domingo Malmierca

(1) Catedrático de Psiquiatría, especialista en Neurociencia y director de la Clínica Psiquiátrica de Ulm, en Sttutgart.
(2) Miembro de la International Society of Neuro-science