Autoestima ¿Te valoras como mereces?

Autoestima

No hay mejor manera de empezar este blog que con las palabras que Jorge San Nicolás nos regaló en su artículo Aprende a valorarte. La autoestima es clave para el bienestar emocional de tu hijo.

¡Pon atención! Estas frases no son solo para padres o madres, si no para cada uno de nosotros.

La persona es un ser único e irrepetible. Llevamos grabado en el ADN la necesidad de sentirnos valorados. El reconocimiento es uno de los pilares de la autoestima y en el caso de los jóvenes, es un valor necesario para fortalecer su carácter y el bienestar emocional.

La autoestima débil se nutre de factores externos que no están vinculados a la propia voluntad como los elogios vacíos o la creencia estática de nuestra inteligencia. Una sana autoestima requiere de tiempo y paciencia, necesita del conocimiento de uno mismo y la aceptación de las propias habilidades y limitaciones.

Pongámonos manos a la obra.

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Entre todos los puntos que te ofrecemos a continuación, identifica cuáles son los que más te afectan:

1.- No tengo seguridad
2.- Veo al resto de personas como superiores a mí
3.- Me gustaría ser otra persona
4.- No doy mis opiniones por miedo al rechazo
5.- Necesito la aprobación de los demás
6.- Casi nunca soy feliz
7.- No soy constante en mis esfuerzos porque me desmotivo
8.- Me siento triste, con ansiedad o solo/a
9.- Recurro a la vida digital para distraerme
10.- No me gusta mi físico

El primer paso para solucionar un problema es detectar cuál es ese problema. Anota en un papel los números de las frases con las que te has sentido más identificado y, a continuación, describe, si es posible, con más detalle las dificultades con las que te tropiezas en cada punto. Por ejemplo, si escoges la número 1 (No tengo seguridad) puedes añadir en qué ocasiones concretas te falta seguridad (por ejemplo, hablando en público) y en qué otras sabes desenvolverte bien (en pequeños grupos o con tus mejores amigos, en casa…). ¿Puedes identificar qué motiva tu inseguridad? ¿Puede ser el miedo al ridículo delante de personas que no te conocen? Seguro que encuentras más, escríbelas.

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Ahora, haremos un ejercicio de sinceridad. Responde la la pregunta ¿sufres por cosas que pasan en realidad o por cosas que te imaginas que pueden pasar? Si has contestado que sufres por cosas que no han pasado, pero que imaginas que pueden pasar, debes trabajar tu mente.

A veces, somos nosotros mismos quienes nos ponemos dificultades imaginarias que nunca sucederán. Así que ejercita el PENSAMIENTO POSITIVO. Cuando te des cuenta de que sufres por cosas imaginarias, razona con tu mente y destierra esos pensamientos que te paralizan o te hacen sufrir.

Antes de dormir piensa en tres cosas que hoy te han salido bien. No hace falta que sean grandes hazañas. Por ejemplo, «he disfrutado en clase de mates», «He marcado un gol», «He ayudado a mi madre a cargar las bolsas», «He compartido algo con mis amigos» o… «Hoy ha salido el sol».

Por el contrario, si descubres que tus miedos no son infundados (es decir, que no te los inventas) entonces hay que plantarles cara. No es una tarea sencilla, pero te proponemos algunas cosas que puedes hacer:

1.- Habla con alguien de confianza que te pueda ayudar (es mejor que sea un adulto: tu madre, tu padre, un profe, alguien que tenga experiencia de la vida y te pueda aconsejar bien)
2.- Busca diferentes posibles soluciones, aunque te parezcan tonterías, anótalas.
3.- No te compares.
4.- Piensa en lo bueno que tienes: puedes caminar, escribir, pensar, cantar… ¿Sabes cuánta gente como tú no puede hacerlo?
5.- Si las redes sociales te hacen sufrir, desinstálatelas. Serás más feliz.

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Nuestro cerebro graba todo lo que ve. Queramos o no, lo que nos rodea influye en nuestro pensamiento. ¿Has estado alguna vez en Viena? Allí no hay ni un solo papel en el suelo, ni colillas, ni rastro de desechos por las calles. En este ambiente es casi imposible que, como acto reflejo, tiremos algo al suelo. Lo mismo ocurre con las habitaciones ordenadas o las cocinas limpias, cuesta ensuciar.

Si por el contrario, nuestro hábitat está desordenado, sucio, dejado y huele mal, no importa si nosotros añadimos un poco más de desorden ¿no? Eso también pasa con nuestro hábitat interior. Debemos llenar el cerebro de imágenes bonitas. Algunas ideas que dan resultado para levantar el ánimo:

  • Escuchar música positiva
  • Acudir a la naturaleza
  • Caminar sin prisas
  • Ver series/películas con mensajes auténticos
  • Tener conversaciones alegres
  • Leer historias bonitas

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Es importante para todos que sepamos agradecer lo que tenemos. En realidad, somos personas afortunadas en muchas cosas. Si pensamos en las guerras, las migraciones, los huracanes, el hambre y la pobreza… ¡Ufff! No tenemos motivos para quejarnos.

Dedica parte de tu tiempo a ayudar a otras personas que lo necesitan. Ayuda a algún compañero de clase en alguna asignatura que le cueste, pregunta por el barrio si hay algún sitio para llevar comida o ropa a los pobres, da clases particulares a niños que no tienen recursos, haz un voluntariado en hospitales infantiles,… Hay tantas cosas que hacer por los demás que, si nos ponemos a ello, tendrás menos tiempo para pensar en ti y, además, serás más feliz y harás más felices a otras personas.