2001: Una odisea del espacio

Análisis

Guste o no guste, encante u horripile, 2001: Una odisea en el espacio no deja indiferente a nadie, además de que resulta un estimulante entretenimiento para dar comienzo a debates filosóficos, e incluso religiosos, de lo más interesante.

Religiosos, por lo simbólico, trascendental y omnipresente que es el icónico monolito que va apareciendo a lo largo del film; filosóficos, por las grandes cuestiones que plantea: ¿qué es el hombre?, ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos? Preguntas atemporales, inescrutables, que nos va sugiriendo la película y sobre las que se han escrito infinitos ríos de tinta a lo largo de nuestra existencia. Tan infinitos como esta rompedora y visionaria “odisea visual” con la que Kubrick revolucionó el lenguaje cinematográfico en 1968.

Sin duda alguna, la película del gran Stanley abarca los interrogantes filosóficos que uno puede formularse en la vida, por lo que se trata de una película con mucho y poderoso contenido, pero que en el fondo no nos está contando nada concreto o que no sepamos.

Y hasta aquí llega este posible comienzo de lectura, de corte filosófico y existencialista sobre la kubrickiana obra maestra a tratar. Pero, cinematográficamente hablando, quizá esto implicaría irse un poco por las ramas, de modo que será pertinente centrarse en la película, entendiéndola como el producto artístico que es.

Si bien 2001 plantea numerosas incógnitas, no es de extrañar que salte a la luz el concepto del origen, sobre el que posiblemente gira toda la película. Una película que gira como la deslumbrante nave espacial que en ella aparece, gravitando alrededor de la Tierra en los primeros diez minutos de metraje, justo después de que Kubrick nos haya mostrado la más icónica de sus imágenes: este pequeño gran paso que resume la historia de la humanidad en menos de cinco segundos: desde sus balbuceos, cuando sólo estaba compuesta por asustadizos simios, hasta la futurista conquista del espacio que el director nos presenta de un modo magistral a lo largo de este imperecedero tesoro de ciencia ficción.

El concepto del origen –en relación al angustioso y extraño monolito– es, por tanto, un tema que engloba a esta película, que la abre y la cierra. La oscura piedra rectangular no sólo aparece al inicio del film, originando el primer destello de inteligencia humana entre la salvaje comunidad simiesca; también propicia de algún modo que la nave pensante HAL 9000 tome conciencia de sí misma y, como buen director que es, Kubrick se sirva de este hecho para crear una especie de thriller futurista. Por este motivo, 2001 no sólo se queda en la categoría de “grandiosa”, sino que asciende hacia una dimensión admirablemente poliédrica, pues explora el negro universo del mismo modo que bucea por más de un género cinematográfico.

¡Y no nos olvidemos de su banda sonora! Sublime, apabullante, vibrante… Las notas de Richard Strauss se funden con la colorista calidad visual de Kubrick y encuentran afinidad en el toque moderno que le aporta el director. Un toque musical, por lo que respeta al lugar que ocupa Strauss en la historia de la música, y por supuesto cinematográfico, dado que, a partir de su fecha de estreno, la película rompe con todo lo visto anteriormente erigiéndose como una perenne pieza del cine moderno.

El director británico se recrea como nunca en el terreno de lo estético, mostrando unos colores y diseños de lo más llamativo que otorgan mayor fuerza a los decorados y a la ambientación de la película en general; de un modo muy parecido a los espacios donde se desarrolló la igualmente rupturista La naranja mecánica. Una pieza por la que Kubrick sí que ha sido, por el contrario, algo sobrevalorado.

Pero esto no quita el hecho de que este director fuera un genio del audiovisual. Un maestro que dejó mella en la historia del celuloide a partir de composiciones artísticas irrepetibles, de un fantástico uso del color y del diseño que trasladaban la modernidad de los 70 al celuloide; tanto en la ficción espacial del año 2001, como en los curiosos hogares de una frívola Inglaterra, en la que una banda de gamberros disfrazados cometía sus más tremendas locuras.

La moda era por tanto un tema recurrente en las conocidas obras del gran Kubrick, acompañadas de un cromatismo exagerado, que podemos percibir en el tono de los trajes espaciales o de las butacas de una sala, así como en el colorista túnel por el que viaja Dave –el protagonista de 2001– al final del filme, cuando recorre la infinidad del tiempo y el espacio, transportado por el enigmático monolito.

En este sentido, la excesiva duración de extravagantes efectos especiales, sumado al denso tiempo narrativo en que transcurre la acción, contribuyen a que la película se torne algo espesa. Pero Kubrick no pretendió en ningún momento embadurnar este peliculón de frenético ritmo… De lo contrario, ahora tendríamos un producto mucho más contemporáneo, parecido a un revolucionario Armaggedon de la época, o algo así. De hecho, es gracias a este lento procedimiento que, en ocasiones, la obra goza de inigualable poderío visual, y consigue abrumar hasta dejarte sin menos gravedad que el astronauta protagonista. Estamos hablando de intrigantes e incluso espantosas escenas que, sobre todo en la parte final, trasladan la película a un estadio tangente al surrealismo más delirante. Empero, por encima de todo, los fragmentos más destacados de este film son los primeros y últimos minutos de metraje, que –como ya dije antes– abren y cierran esta impagable obra de arte. Una película que toda persona debería ver antes de morir.

2001: Una odisea en el espacio es como el omnipresente monolito que presenta. Todo el film se identifica con él. Si bien el divino objeto va viajando por el indeterminable espacio exterior, la película lo hará a través del tiempo. Siempre intacta, siempre perenne, siempre deslumbrando al público, generación tras generación. Seguro que tarde o temprano llegarán múltiples inspiraciones y retro-homenajes a este film, pero la obra paterna quedará allí eternamente: 2001 y su apoteósica banda sonora. Todavía viajo hacia el infinito con sólo recordarla.

Firma: Carles M. Agenjo

Extras DVD:

  • Audio: inglés, castellano
  • Subtítulos: inglés, castellano
  • Tráiler

ficha técnica

Director: Stanley Kubrick

Guionistas: Arthur C. Clarke, Stanley Kubrick

Intérpretes: Daniel Richter, Gary Lockwood, Keir Dullea, Laonard Rossiter, Margaret Tyzack, William Sylvester

Género: -

País: -

Fecha estreno: 17/10/1968

Lenguaje: Coloquial

Público

+16 años

Valoración

Contenido

Humor

Acción

Violencia

Sexo

Subjetiva visión de la historia de la humanidad narrada desde la ciencia ficción. Hace millones de años, en los albores del hombre, unos simiescos seres descubren un monolito que les conduce hasta un estadio de inteligencia superior. Cientos de siglos más tarde, el monolito es descubierto bajo la superficie Lunar, lo que provoca el interés y asombro de científicos humanos. Por último, HAL 9000, una máquina de inteligencia artificial, que pilota automáticamente una nave espacial, es enviada a Júpiter para llevar a cabo una misión de la NASA.

Título original: 2001: A space odyssey

País: -

Duración: 139'

Fecha producción: 1968

Distribuidora: -

Color: Color

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