Alerta sobre la participación de menores en rodajes

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Sin duda, los “juguetes rotos” más tristes son los actores o cantantes que empezaron a saborear el éxito de pequeños, para acabar pasándoles factura no mucho más tarde.

Niños prodigio caídos en desgracia ha habido desde que los espectáculos se han convertido en un negocio masivo, que va más allá de las propias fronteras. Para prevenir consecuencias lamentables del paso de menores por escenarios o platós, el papel de los padres es primordial, pues ellos deciden los límites y marcan las distancias respecto a los focos.

Alerta, ¿qué dice la ley?

Sin embargo, dado que esa actividad se desenvuelve en un entorno laboral, la protección a través de las leyes es también un factor determinante. En la actualidad, cada estado tiene su marco legal, que tiende a ser insuficiente y de corto alcance. España no es, precisamente, una excepción.

El artículo 2 del Real Decreto 1435/1985 del 1 de Agosto permite la contratación de menores en rodajes y espectáculos, siempre que sea su tutor quien presente la solicitud debida a la autoridad competente en temas laborales en la Comunidad Autónoma.

Por otra parte, la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, sostiene que las comunicaciones comerciales “No deben mostrar, sin motivos justificados, a menores en situaciones peligrosas”.

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El impacto en los menores

No obstante, se da un vacío legal respecto al uso de los menores y las situaciones en las que se les coloca, no tanto por el efecto que tengan en espectadores jóvenes (como es la intención de la ley citada), sino en ellos mismos. Es decir, según qué vivencias contemplen (vicariamente), y más si son de conflictos que superan su etapa madurativa, éstas pueden ejercer un efecto negativo.

Aunque se trate de ficciones y en un contexto de trabajo, el niño o la niña sometido a escenas de especial violencia o crudeza recibe una cantidad de impactos que, muchas veces, ni llega a comprender y que pueden interferir en su proceso de maduración.

Por otra parte, además, los largos rodajes, el desorden vital, la ruptura con el ritmo escolar y de amigos, o la continuada convivencia con adultos (sin adoptar el rol de educadores) que ocasionalmente les inducen a hábitos poco saludables, perjudica el desarrollo físico y psíquico del menor. En este sentido, la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil (1/2000 de 7 de enero) ha supuesto un avance. Esta actualización obliga, desde 2015, a que las empresas audiovisuales deben exigir el certificado de delitos sexuales a sus trabajadores siempre que haya menores en los rodajes.

En definitiva, está en manos del ciudadano, de los mismos padres y, por supuesto, de los gobernantes el mejorar el marco legal de protección del niño y artista incipiente.

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Firma: Blanca Ballesteros